La muralla invisible [re.post]

Ya hace más de seis meses, todas las semanas, con diferente horario para no ceder a la monotonía. Hablo, escuchas, opinas; me conoces a fondo en esta transacción sin balance, pero conveniente. Quizá Santiago (y su adicción al stress) hizo revivir los demonios que habitan en mí. Les diste nombre, forma y fondo (obsesiónes). A veces, tras despedirnos, recorro Providencia, y sonrío al recordar la terapia. Reconstruyo tu mirada y risa envolventes sin preocuparme de algún demonio nuevo que intente derribar el muro. Porque soy conciente que en mi eres un espejismo de 45 minutos. Un oasis en mis desiertos.

Te busco; ya estas en la vecina orilla…

“No siento (al menos, todavía) esa locura que otros me han contado que sienten. Cosas como querer estar toda la vida junto a ella, o sentir una opresión en el pecho (al punto que a veces se parece al infarto) o venirle a uno incontenibles ganas de salir a caminar solo y bajo la luna, y si no hay luna bajo los semáforos”

- Mario Benedetti, “La vecina orilla” -

Dice mi madre que durante el embarazo de quién esto escribe, leyó a Benedetti casi obsesivamente. La edición de Editorial Alianza de bolsillo del citado cuento, que además de ser pequeña, más pequeña que la caja de un CD y viene con otros cuentos breves, es un recurrente refugio cuando necesito el cobijo de las buenas letras. Junto con Arréola, ha sido una de las grandes influencias para mi pequeña escritura y si bien no soy muy afecto a la poesía, la de Benedetti me hacía sentir cómodo, casi integrado. Quizá de ahí el interés personal por sudamérica y las viejas historias que atrapan esa asfixiante sensación de dictadura, y más allá, las imperturbables escenas de los universos mínimos donde se encuentra algo más que una imagen; la realidad como fuente perpetua de momentos memorables.

Mucho más se leerá en estos -y futuros- días sobre Mario Benedetti y su obra. Alguna vez aseguró que escribía de la muerte para que no lo sorprendiera, y que asumía la vida como si fuera inmortal.


“La muerte es una presencia y la barajo en conexión a lo que es la muerte para otros, no sólo para mí. Pienso que una de las formas de sobrellevar la idea de la muerte es darle la cara, hablar de ella, dialogar con ella”.

Se cumple el presagio; se hizo inmortal.