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	<title>[ Dann.Moleskine.Digital ] &#187; fragmentos textuales</title>
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	<description>Pixels.Catárticos + Textos.Sin.Destino</description>
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		<title>Hell.(t).Her.Skelter</title>
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		<pubDate>Fri, 28 May 2010 09:56:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dann</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[fragmentos textuales]]></category>

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		<description><![CDATA[Intro Impulsos vintage, manos bocas dientes lenguas saliva cuerpos entre la multitud ciega, retrocontacto y la noche que sigue y no termina. Ella, y entre sus piernas, oceanos melódicos, delicia technicolor dónde él se sumerge infinitamente, sin respirar y la inesperada montaña rusa los llevó a encontrarse [ re.encontrarse ] desde hace algunas europas y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Intro</strong></span></p>
<p>Impulsos vintage, manos bocas dientes lenguas saliva cuerpos entre la multitud ciega, retrocontacto y la noche que sigue y no termina. Ella, y entre sus piernas,  oceanos melódicos, delicia technicolor dónde él se sumerge infinitamente, sin respirar y la inesperada montaña rusa los llevó a encontrarse [ re.encontrarse ] desde hace algunas europas y un par de pastillas, en el momento preciso con el soundtrack exacto y la adrenalina a tope, como la penúltima vez, en un concierto de esencia dulce que termina de manera obscena y sin riesgo de promesas absurdas. Desde Berlín frente al muro hasta Ciudad de México, frente a a un Beatle.<br />
Sincronicidad y horas después, en silencio sonrien: reinventan el tiempo.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Melodía</strong></span></p>
<p>Tuve un <a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu" target="_blank"><strong>déja.vù</strong></a> <em><em> </em></em>de  proporciones extrañas; una suerte de flashback en tiempo real.</p>
<p><span id="more-743"></span></p>
<blockquote><p><em>Tengo 23 años y, a pesar de los demonios, permanezco entre el instinto y la moral -apenas plegada por instantes lúdicos-, y entre ellos, la <strong><a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu" target="_blank">descarto</a></strong> / <a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu/page/2" target="_blank"><strong>censuro</strong></a> / <a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu/page/3" target="_blank"><strong>corrompo</strong></a> / <strong><a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu/page/4" target="_blank">asesino</a></strong> / <a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu/page/5" target="_blank"><strong>arrojo</strong></a><strong> </strong>/ <a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu/page/5" target="_blank"><strong>persigo</strong></a> / <a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu/page/7" target="_blank"><strong>disfrazo</strong></a> / <a href="http://danielfierroesquivel.com/archives/category/deja-vu/page/8" target="_blank"><strong>contemplo</strong></a> desde el confortable laberinto (que ella traza usando un lipstick tentador, cuál musa disfrazada de conciencia auto complaciente), en esta casi extinta primavera boreal.</em></p>
<p><em>La miré y la leí, siempre lo supe y lo toleré y por eso jugué aunque la descubrí pero seguí. Y la provoqué pero me mantuve en el borde, hasta que una tarde calurosa rebasamos jugar con el fuego y nos acercamos y tentamos y casi explotamos aunque nos contuvimos y 24 horas después lo incendiamos y nos tocamos y nos besamos porque olvidamos el contexto y nos reímos (siempre nos reimos, jamas dramatizamos), y se detuvo de golpe. Pero con pulso. Y noches después extendimos y coincidimos y reincidimos y nos asfixamos suavemente, ligeramente, y nos sumergimos en el amanecer de un gran infierno donde nos mordimos y golpeamos frente a una sinagoga y perdimos limites entre químicos y alcohol y follamos y dijimos nuestros nombres y la osadía fue asesinada en ese momento y llegó la paranoia y la culpa y tenemos 23 años esta primavera pero no existimos y se convierte en cenizas y llega la redención del </em><em>&#8220;artista&#8221; y la devolución del rol inspirador y la espiral se cierra sin retorno y devuelvo unas líneas al inicio del juego y miento un poco pues no es exacto lo que dije aunque una de esas cinco noches que ella estuvo en la ciudad si me la tiré pensando que podrías ser tú, </em><em>ó mejor aún las dos, lo cuál sería  más yo y no el pasivo espectador que he sido </em><em> en este <strong>déja.vù</strong> (sin ser),</em><em> y por ello </em><em>me harto y aburro porque el sincronismo no falla pero a veces asume más de lo probable y real y entonces no es, definitivamente, y bah,  se transforma de perversión sonriente a carcajadas siniestras y esa mutación descarta la asfixia pero se hace honesta, sin ritmos forzados y regresamos al inicio que es el final del juego.<br />
</em></p></blockquote>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Encore</strong></span></p>
<p>Rollercoaster. Estoy en <span style="color: #ff0000;"><strong>cero</strong></span> y y sin muchas ganas de ayer. Las nostalgias débiles y lo que no fué son absurdos insípidos. En mi constante, no existen, simplemente. Lo haré diferente: pretendo llegar al puto cielo e incendiarlo y corromperlo y exiliar ángeles morales y así cojerte plenamente y asfixiarte dulcemente y tenerte totalmente y someterte tiernamente de mil maneras y entonces sí, tendrás que matarme porque el concepto de conciencia no existe más en mi cosmovisión. Y me robaré una idea pero no serán &#8220;9 Songs&#8221; sino &#8217;13 paisajes sonoros&#8217; -y lo que resta de la primavera-, el total del viaje estéreo. </p>
<p>Y es que, siendo honestos, ahora solo pienso en ti cuando me viene en gana. El asunto es qué, dado el caso, me dará la gana constantemente.</p>
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		<title>Piedras [ 11 ]</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 06:10:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dann</dc:creator>
				<category><![CDATA[fragmentos textuales]]></category>
		<category><![CDATA[piedras]]></category>

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		<description><![CDATA[Internarse y/o pedir licencia por estrés es para &#8216;niñas cuicas del Santiago College&#8217;, creo pienso y digo a veces en voz alta. Javiera ríe. Embriagarse hasta el cansancio es para débiles, eso también lo repito pero caígo en ocasiones. Las drogas se quedaron en Buenos Aires, definitivamente. Eso no lo digo, lo creo y espero. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Internarse y/o pedir licencia por estrés es para &#8216;<em>niñas cuicas del Santiago College&#8217;</em>, creo pienso y digo a veces en voz alta. Javiera ríe. Embriagarse hasta el cansancio es para débiles, eso también lo repito pero caígo en ocasiones. Las drogas se quedaron en Buenos Aires, definitivamente. Eso no lo digo, lo creo y espero.</p>
<p>Criticar a Bachelet y los excesos de Bush, bailar rodeados de farándula, caminar por calles sucias, escuchar el sonido del TAG mientras se circula sobre Kennedy en la ciudad bañada por lunas hasta en 3 cuotas sin interés, es lo que se estila en este lugar. Me tiembla el estómago (¿es posible?), siento un frío agotador por las articulaciones. Al borde de una crisis de pánico que hasta el momento se acerca con retraso, sin invitación pero anunciada al fin. Las obsesiones mutan en recuerdos no resueltos, en incógnitas subrayadas por roces que no duelen pero rasgan la tranquilidad consecuente al ritmo cotidiano. Ya no fastidian tanto, incluso acompañan el viaje y lo hacen entretenido. Como esas turbulencias cuándo cruza uno el ecuador, los pensamientos no invitados se presentan sin prevío aviso. Igual, así se sacude el espiritu en cada descubrimiento que hacemos en terapia. Como en un turbulento pasar del norte a sur.</p>
<p>En un borde, ella. La orilla del frente tiene mi presencia. Si las palabras son el puente, entonces está en desarrollo pero fluye cómo el río enmedio de ambos. Cruzar. Atravesar. De un lado a otro. De un extremo a su contrario. De lo que nos separa a través de aquello que puede unirnos. Nos separa. No se para. No sé. Para.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>&#8220;Piedras&#8221;</strong> (fragmento 11). Santiago de Chile, 12 de Septiembre, 2006</em></p>
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		<title>R [ fragmento en sincronicidad ]</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 07:41:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dann</dc:creator>
				<category><![CDATA[Obsesiones]]></category>
		<category><![CDATA[fragmentos textuales]]></category>

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		<description><![CDATA[[ Desierto. La frígida inercia tras la voluptuosa espiral. ] El sonido de las olas y esa arena viñamarina, los diálogos inusuales por (aproximádamente) 5844 días de ventaja que se disuelven y revientan bajo el Muelle Vergara. Nunca más habrá Santiago ni Ciudad de México durante ese fragmento robado al cotidiano ritmo en separado.&#8220;Lips like [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>[ Desierto. La frígida inercia tras la voluptuosa espiral. ]<br />
</em></p>
<p>El sonido de las olas y esa arena viñamarina, los diálogos inusuales por (aproximádamente) 5844 días de ventaja que se disuelven y revientan bajo el Muelle Vergara.</p>
<p>Nunca más habrá Santiago ni Ciudad de México durante ese fragmento robado al cotidiano ritmo en separado.<strong><em>&#8220;Lips like sugar, sugar kisses&#8230;&#8221;</em></strong>, sin puta idea de quién interpreta pero la repites una vez  y la susurras y a la cuarta vuelta ya es tuya y a la sexta se transforma en el acompañamiento de ese instante dual, mientras conduces  a 140 kph bajo el cielo azul que anuncia el inicio de la primavera (que busqué hasta agotarme y recupero en el reflejo que eres en mi).</p>
<p><em>&#8220;De la nieve al mar en 120 minutos&#8221;</em>, dijiste. Y así fué y con ellos, comenzamos a matar promesas. Pronto, R, será a la inversa: del mar a la nieve en 120 minutos y entonces podremos despertar en el instante robado al universo, escuchando la misma canción mientras nada más importa, excepto <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sincronicidad" target="_blank"><strong>reconocernos dentro del fragmento</strong></a>&#8230;</p>
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		<title>Piedras [ 16 ]</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 07:40:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dann</dc:creator>
				<category><![CDATA[fragmentos textuales]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[piedras]]></category>

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		<description><![CDATA[Las piedras que tienen los durmientes de los trenes y el metro a los lados, el balasto, sirven para amortiguar el peso del tren en marcha, y para dejar que el agua escurra y se drene, manteniendo los rieles en el centro del camino cuándo construyen las vías férreas. Le dan estabilidad porque distribuye la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las piedras que tienen los durmientes de los trenes y el metro a los lados, el balasto, sirven para amortiguar el peso del tren en marcha, y para dejar que el agua escurra y se drene, manteniendo los rieles en el centro del camino cuándo construyen las vías férreas. Le dan estabilidad porque distribuye la presión que da la vía al terreno.<br />
Me gustá mirar las vías. La cadenciosa marcha de un tren, aunque sea moderno, también es agradable. Más relajádo que volar, sí, de todas maneras.</p>
<p>A un pueblo en Hidalgo,  México, viajé alguna vez en tren, cuando era adolescente. Hacia Cuetzálan, en mi época de viajero con mochila al hombro,  busqué tren pero no había en esa entonces, o al menos no encontré disponible.</p>
<p>En la vieja estación de trenes de la Ciudad de México, los sábados se instala una feria cultural, el Tianguis del Chopo, donde se intercambian y venden discos, cds, vhs y ahora dvds, revistas y libros, accesorios y camisetas, todo en torno al rock y a las subculturas que de ahí se desprenden. Góticos, metaleros, new romantics, poperos, punks, hippies y trovadores, todos en armonía hasta más o menos las tres de la tarde. Ahí, el efecto del alcohol barato, ó la pasta base, en algunos, torna peligroso el recorrido. A veces se ve a los intelectuales y fauna del mainstream rockero nacional (y memorables ocasiones, internacional), recorriéndo los pasillos con olor a pachulí y mota. Un par de veces ví a Manú Chao improvisar una suerte de concierto acústico, acompañado en uno de ellos por Fidel de Todos tus Muertos. En marzo de este año  fuí a verlo en La Pintana, invitado por Camilo. También escuché Legua York. Muy bueno, combativo. Por una noche, los chilenos –algunos-, tuviéron la memoria compartida conmigo. Es decir, con los recuerdos de mi infancia. Pero esa noche no terminó en la Piojera escuchándo cuecas, no. Camilo y yo fuímos a rematar con  Cecilia Amenábar pinchando discos en un club de Providencia, tomándo ron cubano y bailándo con un par de argentinas. Al otro día, desayunar en el mercado, un mariscal con una cerveza bien fría. Y de ahí a la Estación Central, a tomar este tren rumbo a Chillán. La reunión era en lunes a primera hora. Y quise estar descansado.<br />
Cuándo partió el tren, algunas piedras saliéron disparadas. Probablemente algún niño la dejó sobre el riel con esa intención. Pero los trenes no tiene turbulencias. El resto del balasto ni se inmuta: resisten todo el peso, centran la máquina y hacen suave su pasar.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>&#8220;Piedras&#8221;</strong> (fragmento 11). Santiago de Chile, 12 de Septiembre, 2006</em></p>
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		<title>Piedras [ preludio ]</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Sep 2009 07:40:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dann</dc:creator>
				<category><![CDATA[fragmentos textuales]]></category>

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		<description><![CDATA[Cómo de una sirena en el olvido, así es tu sonrisa cuando creés que nadie te ve. “Un día te vas a hartar de mirarme tanto, y te vas a ir y no vas a querer verme más”, me dijiste esa tarde, mientras caminabamos bajo el abrazo trópical de la arboleda y sobre las piedras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cómo de una sirena en el olvido, así es tu sonrisa cuando creés que nadie te ve.<em> “Un día te vas a hartar de mirarme tanto, y te vas a ir y no vas a querer verme más”</em>, me dijiste esa tarde, mientras caminabamos bajo el abrazo trópical de la arboleda y sobre las piedras multicolor que dan personalidad al zócalo del pueblo. <em>“Te miro porque presiento y temo y creo que un día serás tú quién se irá, y trato de memorizar cada fragmento de tiempo que paso contigo, sólo de eso se trata”</em>, debí responder de inmediato. Pero tan solo te tomé la mano, fingí dejar de contemplarte, y continué caminando al compás de tu larga falda –parte primordial de esa estética que delata a todas las sudaméricanas cuando viajan-, en un cómodo silencio, que se interrumpió un momento por los sonidos de una jarana que devolviéron la sensible realidad a esta postal que es el México del que tanto te hablé, con el calor que el itsmo regala en cada atardecer, y la lluvia de olores que hasta el momento, no he podido encontrar en otro país.</p>
<p>–<em>Se parece a la cueca, ¿cierto? Escucha bien, es muy parecido el sonido</em>–</p>
<p>–<em>Hay algo, sí, tienes razón, se parecen un poco. Bueno, es obvio, al final todos venimos de la misma raíz, si te fijas, es una mezcla de la cultura indígena, otro tanto de los españoles, y algo de África, aunque no lo creas..</em>.- y entonces vino la explicación de siempre, esa que me obligó a mirarte de nueva cuenta y perderme, hasta el infinito, en tus gestos elocuentes y tu voz llena de información que en otro contexto, hubiera sido innecesaria. Pero no contigo, María José. Contigo todo y nada son simplemente los extremos del camino a seguir, el del centro, dónde nada sobra ni falta. Simplemente es.<br />
Así que te escuché, debatí tus puntos, repliqué, discutí, y escuché, y me escuchaste (algo importante), y terminamos en algún lugar típico tomándo cerveza nacional, escuchándo más sones y huapangos, tú con exagerados gestos de repulsión al verme comer escamoles, y yo riéndo cuándo finalmente decidiste probarlos y quedaste fascinada con el sabor. A pesar de tu cansancio, seguimos caminándo gran parte de la noche, intercambiando recuerdos y anécdotas mutuas, y tejiéndo a cada instante las nuestras entre besos, muchos besos y caricias ansiolíticas e hipnóticas, con al obviedad de los que recién se encuentran en este planeta extraño, pero nuestro. Y con las piedras eternas del pueblo como referente, con latidos mudos prometí que, al menos yo, jamás me cansaría de observarte, de escucharte, de hacerte el amor desquiciadamente, de estar y ser contigo. Uno a uno, los poros se fusionaron, empapándo mis manos ancladas en tu cuerpo, y me dejé caer en el sosiego del corazón que toma un pulso ni fuerte ni débil. Centrado. En equilibrio.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>&#8220;Piedras&#8221;</strong> (fragmento 11). Santiago de Chile, 12 de Septiembre, 2006</em></p>
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