Espejo [ fragmento en sincronicidad ]

[ Desierto. La frígida inercia tras la voluptuosa espiral. ]

El sonido de las olas y esa arena viñamarina, los diálogos inusuales por (aproximádamente) 5844 días de ventaja que se disuelven y revientan bajo el Muelle Vergara.

Nunca más habrá Santiago ni Ciudad de México durante ese fragmento robado al cotidiano ritmo en separado.“Lips like sugar, sugar kisses…”, sin puta idea de quién interpreta pero la repites una vez  y la susurras y a la cuarta vuelta ya es tuya y a la sexta se transforma en el acompañamiento de ese instante dual, mientras conduces  a 140 kph bajo el cielo azul que anuncia el inicio de la primavera (que busqué hasta agotarme y recupero en el reflejo que eres en mi).

“De la nieve al mar en 120 minutos”, dijiste. Y así fué y con ellos, comenzamos a matar promesas. Pronto, R, será a la inversa: del mar a la nieve en 120 minutos y entonces podremos despertar en el instante robado al universo, escuchando la misma canción mientras nada más importa, excepto reconocernos dentro del fragmento

Piedras [ 16 ]

Las piedras que tienen los durmientes de los trenes y el metro a los lados, el balasto, sirven para amortiguar el peso del tren en marcha, y para dejar que el agua escurra y se drene, manteniendo los rieles en el centro del camino cuándo construyen las vías férreas. Le dan estabilidad porque distribuye la presión que da la vía al terreno.
Me gustá mirar las vías. La cadenciosa marcha de un tren, aunque sea moderno, también es agradable. Más relajádo que volar, sí, de todas maneras.
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Piedras [ preludio ]

Cómo de una sirena en el olvido, así es tu sonrisa cuando creés que nadie te ve. “Un día te vas a hartar de mirarme tanto, y te vas a ir y no vas a querer verme más”, me dijiste esa tarde, mientras caminabamos bajo el abrazo trópical de la arboleda y sobre las piedras multicolor que dan personalidad al zócalo del pueblo. “Te miro porque presiento y temo y creo que un día serás tú quién se irá, y trato de memorizar cada fragmento de tiempo que paso contigo, sólo de eso se trata”, debí responder de inmediato. Pero tan solo te tomé la mano, fingí dejar de contemplarte, y continué caminando al compás de tu larga falda –parte primordial de esa estética que delata a todas las sudaméricanas cuando viajan-, en un cómodo silencio, que se interrumpió un momento por los sonidos Ver +