UnDía

por Dann

… dibujé la ballena, con esos lápices y sobre una hoja bond en la mesa infantil. Ví el tatuaje en tu espalda, pero no hice referencia jamás (hasta hoy).

En esa extraña playa selvática, rodeada por estructuras romanas de cantera blanca y moho impregnado, me espera impaciente y sin llegar al borde. No soy Jonás y el oleaje rompe con fuerza en la arena (inclinada a 45º). Para llegar al limite, hay que caminar como si fuera la orilla de una piscina. Miedo. Ansiedad. A lo lejos mis padres sonríen. La miro fijamente y es recíproca la incertidumbre. Se hunde entonces, y regreso.

Tu estas en la playa y hablas portugués. Pareces esperarme y cuando te saludo, despierto. “Un día me hundia”, pienso en este momento. Pero llegaste (de nuevo).