Te busco; ya estas en la vecina orilla…
por Dann
“No siento (al menos, todavía) esa locura que otros me han contado que sienten. Cosas como querer estar toda la vida junto a ella, o sentir una opresión en el pecho (al punto que a veces se parece al infarto) o venirle a uno incontenibles ganas de salir a caminar solo y bajo la luna, y si no hay luna bajo los semáforos”
- Mario Benedetti, “La vecina orilla” -
Dice mi madre que durante el embarazo de quién esto escribe, leyó a Benedetti casi obsesivamente. La edición de Editorial Alianza de bolsillo del citado cuento, que además de ser pequeña, más pequeña que la caja de un CD y viene con otros cuentos breves, es un recurrente refugio cuando necesito el cobijo de las buenas letras. Junto con Arréola, ha sido una de las grandes influencias para mi pequeña escritura y si bien no soy muy afecto a la poesía, la de Benedetti me hacía sentir cómodo, casi integrado. Quizá de ahí el interés personal por sudamérica y las viejas historias que atrapan esa asfixiante sensación de dictadura, y más allá, las imperturbables escenas de los universos mínimos donde se encuentra algo más que una imagen; la realidad como fuente perpetua de momentos memorables.
Mucho más se leerá en estos -y futuros- días sobre Mario Benedetti y su obra. Alguna vez aseguró que escribía de la muerte para que no lo sorprendiera, y que asumía la vida como si fuera inmortal.
“La muerte es una presencia y la barajo en conexión a lo que es la muerte para otros, no sólo para mí. Pienso que una de las formas de sobrellevar la idea de la muerte es darle la cara, hablar de ella, dialogar con ella”.
Se cumple el presagio; se hizo inmortal.
Comentarios
Me dijiste que escribías y curiosa -o “stalker”- encontré tu Moleskine.
Gracioso: Ir al archivo. Repasar los “tags”. Hacer el primer click en uno que me suena conocido. La entrada es de un texto sobre el único poeta al que puedo leer sin parar. La escribiste el día que cumplí treinta años.
Regalo atrasado. O a su ritmo. You know ;-)
¿Algún día lo sabremos? ;-)
No sé qué hay que saber(nos). Sólo sé que me fascinas desde que te descubrí más allá de las cientocuarenta letras.
Si contemplas desde una orilla el extremo frontal, en silencio, y notas que el rio enmedio es demasiado profundo -y tal vez peligroso-, para entrar y sumergirte… solo necesitas crear un puente. Y cruzarlo. Y explorar…